13-08-2012 | ALBERTO BARRIAGA | HOMENAJE

Edith, la mártir por amor

La Santa judía murió hace 70 años.

A 70 años del asesinato en Aushwitz de Edith Stein
A 70 años del asesinato en Aushwitz de Edith Stein

Recientemente se cumplieron 70 años del asesinato en Aushwitz de Edith Stein, o sor Teresa Benedicta de la Cruz, la filósofa judía que se convirtió en una monja carmelita.
Había nacido en Breslavia, Alemania, hoy Polonia, el 12 de octubre de 1891, en el seno de una familia judía, pero se bautizó y entró al monasterio de las carmelitas de Colonia.
Fue capturada en julio de 1942, durante las redadas nazis que se desencadenaron tras la carta que escribieron los obispos católicos de los Países Bajos denunciando las deportaciones. Hasta ese momento, los nazis habían dejado en paz a los judíos bautizados, pero después hicieron prisioneros a más de 300 religiosos de origen judío.
Uno de sus primeros trabajos filosóficos: "Una investigación sobre el estado", es de gran importancia en la elaboración de una antropología en la transformación del yo en nosotros, del paso del hombre como persona a la comunidad.
Luego de la guerra del 14, donde sirvió como enfermera reanudó sus estudios filosóficos con Husserl, y obtiene el doctorado en Friburgo.
En 1922, Edith fue bautizada, y recibió la confirmación. Luego inspirada en la filosofía de Santo Tomás y la fenomenología de Husserl, produce "Ser finito y ser eterno", obra que la convierte en una de las últimas tomistas, junto a Joseph Pieper, más originales de la historia de la filosofía.
Ya en el campo de concentración no quiso huir ni recibir un trato diferente de los demás judíos. Autora de numerosos libros de filosofía, antropología y metafísica, Edith Stein había recibido a lo largo de los años muchas ofertas de ponerse a salvo, desde marchar como profesora a América hasta un cambio de documentación y traslado a un lugar donde nadie la conociese. No le parecía justo que se hiciera una excepción con ella y su grupo, no quiso aprovecharse del hecho de que era bautizada.
El 12 de abril de 1933, Stein escribió una carta al Vaticano, dirigida a Pío XI.
Decía: "¡Padre Santo! Como hija del pueblo judío, que por gracia de Dios es hija de la Iglesia católica desde hace 11 años, me atrevo a expresar al padre de la cristiandad lo que preocupa a millones de alemanes. Desde hace semanas somos espectadores, en Alemania, de sucesos que implican un absoluto desprecio por la justicia y por la humanidad. Ahora que han obtenido el poder y que han armado a sus secuaces -entre los que hay conocidos criminales- cosechan el fruto del odio sembrado. La idolatría de la raza y del poder del estado, con la que la radio machaca cotidianamente a las masas, ¿no es una abierta herejía? Esta guerra de exterminio en contra de la sangre judía, ¿no es un ultraje a la santísima humanidad de nuestro Salvador, de la beatísima Virgen y de los Apóstoles? La guerra en contra del Catolicismo se desarrolla en sordina y con sistemas menos brutales que en contra del Judaísmo, pero no menos sistemáticamente...".
El cardenal Pacelli, respondió el 27 de abril de 1933. En su respuesta informaba que la carta de la monja "ha sido presentada a Su Santidad". Luego, Pío XI publicaría la encíclica "Mit Brennender Sorge", en la que condena la ideología nacionalsocialista como pagana y anticristiana.
Sería proclamada beata por Juan Pablo II en 1987 y santa en 1988. En octubre de 1999 en la iniciación de la segunda Asamblea Especial para Europa del Sínodo de obispos, Juan Pablo II hizo inesperadamente la siguiente declaración: "Tengo hoy la alegría de proclamar a tres nuevas patronas del continente europeo: santa Edith Stein, santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena". Ese mismo día se daba conocer públicamente la carta apostólica, con forma de motu propio, titulada Spes aedificandi (Proclamación de las Copatronas de Europa). A los tres santos patronos de Europa, Benito de Nurcia y los hermanos Cirilo y Metodio , se agregaban entonces los nombres de tres grandes figuras femeninas, "todas ellas vinculadas de manera especial con nuestra historia", como dijo el Papa en la homilía de la concelebración eucarística de iniciación del Sínodo. Con semejante decisión se puso énfasis en subrayar el gran rol que las mujeres han tenido y tienen en la vida eclesiástica y civil del continente europeo hasta nuestros días.
¿Para qué sirve hoy su recuerdo; o el conocimiento de su donación?
¿Qué nos dice?
La experiencia de esta mujer, que afrontó los desafíos de un siglo atormentado es un ejemplo: el mundo moderno muestra la puerta atractiva del permisivismo, ignorando la puerta estrecha del discernimiento y de la renuncia.
En nuestro tiempo, la Verdad se confunde a menudo con la opinión de la mayoría. Además, está difundida la convicción de que hay que servir a la verdad incluso contra el amor, o viceversa. Pero la verdad y el amor se necesitan recíprocamente. Sor Teresa Benedicta fue testigo de ello. La "mártir por amor", que dio la vida por sus amigos, no permitió que nadie la superara en el amor.
Al mismo tiempo, buscó con todo empeño la verdad, sobre la que escribió: «Ninguna obra espiritual viene al mundo sin grandes tribulaciones. Desafía siempre a todo el hombre».
Santa Teresa Benedicta de la Cruz nos dice a todos: no aceptes como verdad nada que carezca de amor. Y no aceptes como amor nada que carezca de verdad. Lo uno sin lo otro se convierte en una mentira destructora.
La santa demuestra que quien ama de verdad no se detiene ante la perspectiva del sufrimiento: acepta la comunión en el dolor con la persona amada. Nos propone valorar lo IMPORTANTE por encima de lo urgente.
No hay que olvidar que su entrega y sacrificio no nace de ningún "sentimiento trágico de la vida", no fue búsqueda de "sangre de mártir", ni atracción fatal del abismo.
Su vida, particularmente desde su conversión sólo cobra sentido en su entrega al AMOR.
Por último, nos ayuda a constatar que la finalidad de una vida no se termina con su destrucción, violenta o no, sino con el cumplimiento de una misión.

 

 

Fuente: SM
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